Estados Unidos se convierte en el mayor exportador mundial de petróleo

La expresión es una declaración de intenciones: “dominio energético”. Es de Dan Brouillette, el vicesecretario de Energía de Estados Unidos. Empleó estas palabras en la última conferencia del sector en Abu Dabi, cuando se le preguntó sobre la política energética de su país.

Los datos más recientes confirman que este dominio es real. Pocos habrían podido preverlo hace poco más de una década, pero la realidad es que los norteamericanos, que ya se convirtieron este año en el mayor productor de oro negro del mundo, con 12,3 millones de barriles diarios, tras duplicar su producción en diez años, ahora pueden presumir de ser también el mayor exportador de petróleo del planeta.

Lo consiguieron (si bien el dato sea bruto e incluya productos refinados y gas licuados) el pasado mes de junio, de manera fugaz según informó la Agencia Internacional de la Energía (IEA). “El auge de la producción de esquisto ha permitido que EE.UU. se acerque y supere brevemente a Arabia Saudí como el principal exportador mundial de petróleo en bruto, después de que las exportaciones de crudo aumentaron más de 3 millones de barriles por día”, afirmó este organismo.

Estados Unidos desde siempre ha producido petróleo, pero gran parte del crudo que se sacaba en su territorio se dedicaba al consumo interno, para satisfacer la sediente demanda nacional (además había límites a las exportaciones). Sin embargo, en los últimos cuatro años las ventas al exterior se han incrementado un 80% y ahora hay excedente.

Es cierto que, en el resto del verano, debido al efecto de los huracanes, los norteamericanos volvieron a ceder su liderazgo a los saudíes, pero todo apunta que el camino está marcado. “La instalación de las tuberías y terminales necesarias continúa a buen ritmo, lo que garantizará que la tendencia continúe”, asegura la IEA. En concreto, la agencia asegura que las exportaciones de crudo de EE.UU. podrían aumentar un 33% más desde los niveles de junio a hasta 4 millones de barriles por día, mientras que se construya una nueva infraestructura en el cuarto trimestre de este año.

Desde el pasado siglo hemos visto a delegaciones de Washington viajando a Oriente Medio buscando acuerdos comerciales con Riad para asegurarse el suministro de petróleo, pero el cuadro ha cambiado de forma radical. De hecho, cada vez menos petróleo viaja desde Arabia Saudí a EE.UU. La semana pasada cayó hasta el equivalente de 270.000 millones de barriles diarios, el nivel más bajo desde 1985.

La explicación es sencilla y se resume, en una palabra: fracking, la técnica de extracción petrolera en base a perforación de las rocas. Inicialmente requería inversiones costosas, pero el período de precios elevados del barril en los años anteriores pudo sostener el desarrollo de esta tecnología. Hoy la eficiencia ha mejorado y hay instalaciones que son rentables incluso con un precio en 50 dólares, por debajo de las cotizaciones actuales (que están los 60).

Este empuje del fracking representa un dolor de cabeza para la OPEP, el cartel de los países exportadores de petróleo. La IEA alerta de que en la actualidad la oferta, por efecto del poderío norteamericano supera con creces a la demanda, lo que puede tener un impacto significativo en los precios (a la baja). “La organización se enfrenta a un superávit abrumador”, afirmó esta institución.

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